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  • Testamento en riesgo de muerte

  • El muy famoso aforismo español que detalla que solo falta hacer el testamento para morir ha marcado sin lugar a duda la cultura de la sociedad española en lo que respecta a la percepción de los testamentos. Siempre se ha recomendado que las personas no esperen hasta el ocaso de sus vidas para testar y dictaminar sus últimas voluntades, lamentablemente este consejo nunca es seguido.

    Presentamos a continuación un curioso caso que refleja las vicisitudes de tener que realizar el testamento en las últimas horas de vida. Desde problemas para encontrar un Notario disponible que redacte el testamento hasta la incapacidad del testador de lograr ordenar sus ideas y pensamientos con respecto a sus últimas voluntades debido al delicado contexto en el que se encuentra.

    Este es el caso de un individuo que acude a los servicios de un Notario para llevar a cabo la protocolización del testamento de su cuñada. Al contactar con el Notario le explica que el procedimiento a realizar debería ser sencillo puesto que ya el testamento ha sido redactado por el médico que la atendió en el hospital. Esto es sin lugar a duda un error ya que redactar un documento de últimas voluntades requiere conocimiento y experiencia jurídica, por ello debe ser realizado por Notarios y no por otros profesionales no relacionados con el derecho.

    El cliente alegaba al Notario que el testamento en cuestión era el ológrafo de su cuñada, sin embargo, el profesional reprocho dicha afirmación ya que solo se considera ológrafo los testamentos escritos a mano por el testador. Ante dicha respuesta, el individuo preocupado expreso que su hermano no contrajo nupcias con su cuñada, por ende, su patrimonio correspondería a sus hermanos, e incluso estos estaban de acuerdo con lo establecido en el testamento.

    Ante dicha explicación el Notario recordó una de las normativas claves del Código Civil para resolver este inconveniente con precisión. En dicho Código se ofrece la posibilidad de que se realice un testamento sin contar con la presencia de un Notario ante un mínimo de 5 testigos, solo cuando el testador se encuentra en peligro inminente de muerte.

    Una vez recordado este recurso del Código Civil, el Notario procedió a solicitar que el individuo le contara como se produjeron los hechos que conllevaron a la muerte de su cuñada para verificar que el testamento se redactó en un contexto de riesgo inminente de muerte.

    Efectivamente la cuñada en cuestión debía someterse a una cirugía por su delicado estado de salud en la que existía altas posibilidades de fallecer, por ello, antes de ingresar al acto quirúrgico solicito a un Notario para formalizar sus últimas voluntades, sin embargo, esta situación estaba aconteciendo en un fin de semana a medianoche y dado al carácter de urgencia de la situación médica no se podía esperar a un Notario disponible, por ello, uno de los médicos que poseía cierto conocimiento en leyes reunió cinco testigos,  los cuales luego de redactado el documento firmaron el mismo junto a la testadora.

    Aunque evidentemente poseía ciertos errores jurídicos el testamento en cuestión, en realidad era totalmente valido bajo el contexto de riesgo inminente de muerte, por lo que el Notario accedió a protocolizar el mismo, un servicio que posee un coste de aproximadamente doscientos euros, a diferencia de los cuarenta euros que cuesta el testamento notarial, por lo que incluso desde el punto de vista económico, es más recomendable crear un testamento con antelación y no esperar hasta nuestras ultimas horas de vida.

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